It’s only teenage wasteland

Hoy recordé a Sally. Recordé se capacidad de reunirnos en torno a ella, riéndonos, siempre.

Recuerdo cuando te expliqué que ella, a diferencia de Jolie, era más como una ópera rock, como un personaje creado por las cuerdas de Townshend, por los tambores de Moon, por el bajo de John y por la voz de Roger. Ella a diferencia de Jolie, conocía la tranquilidad de su interior, la transmitía y contagiaba. Pero en ocasiones, como si se tratara de una canción de Camel, se revolucionaba a sí misma. Ese estruendo es Sally. Por eso, quizá más bien, Sally es como el Progresivo, a diferencia de Jolie, que se parece más a The Clash.

Hoy me acordé de Sally.

 

 

 

Pero viva…

–Es como un sueño –Dijo Guadalupe Roncal-. Parece una cárcel viva.

–¿Viva?

–No sé cómo explicarlo. Más viva que un edificio de departamentos, por ejemplo. Mucho más viva. Parece, no se sorprenda de lo que voy a decir, una mujer destazada. Una mujer destazada pero todavía viva. Y dentro de esa mujer viven los presos.

Bolaño (2013), 2666, Anagrama, p. 379.

Canción

Darío Jaramillo

Aquí conmigo, un primero de octubre, tarde líquida de sangre y agua y saliva,
aquí conmigo, en la noche de hotel y en el aliento del brandy y el café,
aquí conmigo, domesticada y sin ansias, hecha de despojos,
aquí conmigo mi soledad, materia inerte, ya sin queja y sin tremor:
con ella no escondo cartas entre la manga, no tengo cartas, no tengo mangas,
      estoy desnudo
con mi música, aquí conmigo, lejos del apresuramiento y de las balas,
ajeno al acoso de la cita y del teléfono, incólume tras el descendimiento a los infiernos.
Me pongo la máscara, me quito la máscara, busco otra máscara, voy descarándome.
Perdí mi rostro y lo recojo ahora,
en esta noche de hotel, cuando mi soledad se vuelve tibia,
transparente
y repaso sereno las agonías:
¿Adónde he quedado yo, tras tanta máscara?
Sólo el miedo permite seguirme tras el tiempo,
si bien cabe atribuirlo todo a una conjura:
¿Alfileres sobre una foto mía? ¿Un rezo? ¿Malas artes de la brujería y el halago?

Después…

A pesar de mis esfuerzos, nunca escuché las voces que Tom me había prometido. En cambio escuché las de una multitud de seres condenados a vivir solos, añorando a alguien que había pasado al otro mundo. Conocí a decenas de estos seres y a otros semejantes. Conocí a Eleanor Rigby a al padre McKenzie…

Guadalupe Nettel, Después del invierno, Anagrama p. 259.

Una canción

Lo sostuvo todo, cuando nada permanecía en su sitio. Cuando todo cambiaba en un instante; tan pequeño como el parpadeo de esos ojos que tanto amé.

Miraba tu rostro, y en ellos, en esos ojos, ya no encontré aquello que solías tener para mí. Amor. Acto seguido, desapareció esa sensación y descubrimiento (a dónde puede llevar conocer la verdad, un lugar tan oscuro y solo), y pude resistir un par de meses. Pero sabía que en ese preciso momento, todo había terminado.

Forever and ever

El tiempo no apremia y, en todo caso, se trata de la muerte de una generación:

Hay una frase por demás célebre que viene a bien en estos tiempos denominados posmodernos: “Dios ha muerto”. Nietzsche y su nihilismo declaró lo que Weber llamaría en su momento el desencanto del mundo.

Casi en esa misma tesitura, en agosto del año pasado, David Gilmour, levantó el acta de defunción de Pink Floyd. Todo mundo, más o menos, intuía ese hecho, sin embargo, las palabras, la declaración del guitarrista nos hacen preguntar: Pink Floyd ya no existe más, si bien no es el fin del rock, ¿es el fin de una generación?

Quizá.

Como decimos, el tiempo no apremia: por turnos las estrellas del rock van dejando este mundo. ¿Es tiempo que mueran carnalmente? ¿El desencanto del mundo, en este caso, significa, quedarnos sin referentes? Quién sabe. Lo cierto es que, el fin del rio ha llegado, pero su fluir, eso sí, es eterno.