Después…

A pesar de mis esfuerzos, nunca escuché las voces que Tom me había prometido. En cambio escuché las de una multitud de seres condenados a vivir solos, añorando a alguien que había pasado al otro mundo. Conocí a decenas de estos seres y a otros semejantes. Conocí a Eleanor Rigby a al padre McKenzie…

Guadalupe Nettel, Después del invierno, Anagrama p. 259.

Una canción

Lo sostuvo todo, cuando nada permanecía en su sitio. Cuando todo cambiaba en un instante; tan pequeño como el parpadeo de esos ojos que tanto amé.

Miraba tu rostro, y en ellos, en esos ojos, ya no encontré aquello que solías tener para mí. Amor. Acto seguido, desapareció esa sensación y descubrimiento (a dónde puede llevar conocer la verdad, un lugar tan oscuro y solo), y pude resistir un par de meses. Pero sabía que en ese preciso momento, todo había terminado.

Forever and ever

El tiempo no apremia y, en todo caso, se trata de la muerte de una generación:

Hay una frase por demás célebre que viene a bien en estos tiempos denominados posmodernos: “Dios ha muerto”. Nietzsche y su nihilismo declaró lo que Weber llamaría en su momento el desencanto del mundo.

Casi en esa misma tesitura, en agosto del año pasado, David Gilmour, levantó el acta de defunción de Pink Floyd. Todo mundo, más o menos, intuía ese hecho, sin embargo, las palabras, la declaración del guitarrista nos hacen preguntar: Pink Floyd ya no existe más, si bien no es el fin del rock, ¿es el fin de una generación?

Quizá.

Como decimos, el tiempo no apremia: por turnos las estrellas del rock van dejando este mundo. ¿Es tiempo que mueran carnalmente? ¿El desencanto del mundo, en este caso, significa, quedarnos sin referentes? Quién sabe. Lo cierto es que, el fin del rio ha llegado, pero su fluir, eso sí, es eterno.

Silencio

José Emilio Pacheco

La silenciosa noche. Aquí en el bosque
no distingo rumores, no, de ninguna especie.
Los gusanos trabajan.
Los pájaros de presa hacen lo suyo
(seguramente).
Pero no escucho nada.
Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
tan raro, tan escaso se ha vuelto en este mundo
que ya nadie se acuerda como suena,
ya nadie quiere
estar consigo mismo un instante.
Mañana
dejaremos de nuevo la verdadera vida para
mañana.
No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
extrañeza de hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
Silencio en este bosque, en esta casa
a la mitad del bosque.
¿Se habrá acabado el mundo?